De la filología a la tierra
Empezar de nuevo, desde la raíz
Estudié Filología Hispánica y durante años fui profesora de instituto. Cuando la crisis me dejó sin trabajo, coincidió con la enfermedad de mi padre. Fue un momento de parar, de mirar hacia adentro.
Las flores comestibles empezaron como algo terapéutico en mi propio jardín, después de años formándome en flores de Bach, decoración e ikebana. No buscaba un negocio: buscaba un lugar donde respirar.
El Consell d'Eivissa me orientó para buscar terreno. Los payeses desconfiaban de una joven ibicenca que quería cultivar flores, hasta que Toni Planells Roselló creyó en mí y me cedió una hectárea. Con un crédito personal empecé a cultivar claveles, tagetes, geranios, rosas, verbenas, tomillo y lavanda provenzal.
Entrar en un mundo de hombres
Al principio fue duro. Iba restaurante por restaurante y no me hacían caso. La restauración era, y en parte sigue siendo, un mundo dominado por hombres, y no era fácil que una joven con cajas de flores fuera tomada en serio.
Con el tiempo, los cocineros más reconocidos de la isla vieron la calidad del producto y empezaron a confiar en mí. Uno a uno, plato a plato.
Hoy, aproximadamente el 30% de los restaurantes de Eivissa que usan flores en sus platos o cócteles trabajan con Ibiza Púnica.
Cultivo manual
Cada flor se recoge a mano, sin tijeras, cuidando cada tallo.
Respeto al ritmo de la tierra
Cultivo lo que cada estación permite, sin forzar el proceso.
Cercanía con cada chef
Adapto cada pedido a lo que cada cocina necesita.
“Ibiza me recuerda quién soy y por qué empecé. Cada flor que corto es, todavía, un poco de aquel jardín.”
